LOS SEÑORES DE LA GUERRA CULTURAL. (Cuando las palabras matan… mujeres.)
La denominada "batalla cultural" en temas de derechos de las mujeres y educación sexual de los menores, se libra entre dos visiones opuestas sobre el rol del Estado, la autonomía individual y la patria potestad.
Respecto a los derechos de las mujeres la discusión se centra en la definición de igualdad, el concepto de género y el alcance de la intervención estatal. Mientras que la postura progresista sostiene que la discriminación histórica y estructural contra las mujeres requiere políticas públicas activas (cuotas de género, paridad legislativa, licencias de maternidad/paternidad equiparables), que la decisión sobre la maternidad y el acceso a la salud reproductiva es un derecho fundamental sobre el propio cuerpo de la mujer, que el lenguaje construye realidad y que visibilizar a la mujer en el discurso es clave para desmontar sesgos machistas y promueve marcos legales específicos (como la tipificación del feminicidio) para atender la violencia ejercida de manera disproportionada contra las mujeres; la Postura Conservadora defiende el dimorfismo biológico (hombre/mujer) y argumenta que sustituir la categoría de "sexo" por "género" desdibuja la identidad femenina y los espacios logrados históricamente por las mujeres, reivindica el valor social de la maternidad y la familia tradicional como núcleo de la sociedad, advirtiendo sobre visiones que puedan desvalorizar el trabajo de cuidados en el hogar y sostiene que las leyes deben garantizar la igualdad formal (igualdad de oportunidades) de forma individual, sin establecer privilegios, cuotas o legislaciones penalmente diferenciadas por sexo o género, ven la penalización de la violencia de género como una venganza feminista.
Con relación a la Educación Sexual Integral (ESI) de los menores, la batalla cultural es aun mas intensa pues en este aspecto chocan defensa de la protección infantil estatal y la defensa de la autoridad parental. Así, mientras en la postura progresista la ESI se plantea como una herramienta de salud pública y salvaguarda infantil porque facilita que los menores identifiquen conductas de abuso o acoso y sepan cómo denunciarlas, busca reducir embarazos no planeados e infecciones de transmisión sexual mediante información científica sobre anatomía, métodos anticonceptivos y consentimiento y promueve la tolerancia, reduce el matoneo (bullying) y enseña el respeto por las diferencias desde edades tempranas; las posiciones conservadoras reivindican el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos según sus propios valores morales, religiosos o filosóficos (sintetizado en lemas como "Con mis hijos no te metas"), argumentan que impartir ciertos contenidos en etapas de desarrollo temprano puede resultar hipersexualizante o confuso para los niños antes de que tengan la madurez emocional requerida y sostienen que bajo el formato de ESI se introducen postulados ideológicos particulares sobre identidad y género que el Estado no debería imponer de manera obligatoria en las aulas (homosexualizarán a los niños, dicen).
Hechas las anteriores precisiones, indispensables para entender de qué estamos hablando, voy a centrarme en el nucleo de esta publicación: Quiénes son los generales de los ejércitos que desde la "moralidad" lideran las escaramuzas en esa "guerra cultural". Son personajes que representan todo, menos la moralidad.
Empecemos por Donald Trump, actual Presidente de los Estados Unidos, íntimo amigo y asiduo cliente de Jeffrey Epstein, acusado de varios casos de abuso sexual, le pagó a una actriz porno para que mantuviera en secreto su encuentro sexual a cambio de dinero, en fin todo un coloso de la moralidad.
Los hermanos Andrew y Tristan Tate, influenciadores y líderes de la llamada "manosphere" (manosfera o machosfera), actualmente detenidos en Miami, en espera de su extradición a Inglaterra para que respondan por acusaciones de violación y trata de personas.
Agustín Laje, influenciador, conferencista y escritor, autor del libro La Batalla Cultural, amigo y socio de Pablo Rodríguez Laurta, líder del colectivo Varones Unidos, una plataforma dedicada a propagar mensajes misóginos y antifeministas, actualmente detenido y juzgado por el feminicidio de su ex esposa y su ex suegra, la desaparición y homicidio de un conductor de Uber, el secuestro de su hijo menor y por abuso sexual y pornografía infantil. Como ven, las palabras sí matan a las mujeres porque impulsan el odio y aceitan las armas.
Álvaro Uribe Vélez, ganador del Cojón de Oro en 2016, premio otorgado por el Movimiento Machista del Casanare; pedía con voz trémula a las juventudes que "aplacen el gustico" hasta después del matrimonio. Una lugarteniente suya en el Congreso, la representante Liliana Rendón decía orgullosa: "Si el marido nos casca es porque nos lo buscamos".
Para terminar, el círculo cercano de Abelardo de la Espriella está lleno de esa clase de personajes que, aunque no ostentan el generalato, podemos llamarlos coroneles: Eduardo Zapateiro, asesor imputado por acoso sexual a dos subalternas; Alejandro Bermeo, senador denunciado por violación y lesiones personales a una vendedora informal; Guillermo Andrés Rodríguez, abogado denunciado por violencia intrafamiliar y abuso sexual por varias de sus ex parejas.
Es que, como decía mi abuela Mechitas: "El que mucho presume, poco reune".
En Brasil Flavio Bolsonaro, en Argentina Javier Milei, en Chile Axel Kaiser, en Perú Rafael López-Aliaga, en México Eduardo Verástegui y en Colombia Carlos Alonso Lucio propenden abiertamente por la penalización del aborto, la abolición de la educación sexual en las instituciones educativas, la prohibición del matrimonio igualitario y de la adopción de infantes por parejas del mismo sexo o personas solas.
El elegido presidente De La Espriella, ha dejado paradójicamente el liderazgo de la batalla cultural en manos de dos mujeres, la futura Ministra de Educación Vivian Morales y la futura Ministra de las Culturas Paola Holguín, políticas redomadas ambas, pero, para mi, esos nombramientos son el plaimpsesto que cubre la esencia profundamente patriarcal y machista de la Patria Milagro.
Mientras tanto, las mujeres y las diversidades del "centro político" se esconden detras de las sentencias de la Corte Constitucional para pedir calma y evitar el alarmismo con tal de no "polarizar". Se les olvida que los derechos no se solicitan respetuosamente sino que se exigen con firmeza de carácter y se deben defender todos los días y todas las horas. Se les olvida que las leyes se derogan con otras leyes. Se les olvida que las palabras matan... Matan mujeres como Rosa Mayerly Olaya, María Camila Potosí, María Fernanda López Castellanos, Jhanet Estella Álvarez, Yasleidis María Martínez, María Alejandra Castaño y Danelly Marcela del Valle, para mencionar sólo a las víctimas de la violencia machista en los ultimos dos meses en Colombia.
El tema de la Batalla Cultural, no es menor, es por el contrario y en mi humilde opinión la médula de la discusión política en los próximos años y no sólo en Colombia frente a un próximo gobierno con clarísimos rasgos autoritarios, sino por la alarmante expansión de la ultraderecha, ese tipo de pensamientos y estrategias para inocularlos en el imaginario colectivo de la sociedad.
ResponderBorrarComo en el cuento de la criada, lo primero que hace el régimen de Gilead, es recortar de un tajo los derechos de las mujeres...
Valdría la pena preguntarnos, por qué de las mujeres ?
No tienen NADA malditos Petristas. Su único legado y el de su MALDITO falso mesías Petro es el de la corrupción, la ineptitud, el desperdicio, el robo y el oportunismo, y el de convertir al estado en un prostíbulo mal oliente lleno de ratas y ladrones.
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