TRADWIVES O LA ELIMINACION DE LOS DERECHOS DE LA MUJER.

 

Hace 93 años, en el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera se expidió el Decreto 1972 de 1933 lo que permitió que las mujeres pudiéramos ingresar a estudiar en las universidades y abrió la puerta para que poco a poco, conquista tras conquista, lucha tras lucha, alcanzáramos el derecho al voto, llegáramos a ocupar cargos de poder en la sociedad y a mandar sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros bienes y sobre nuestras vidas.

Por eso, porque los derechos alcanzados fueron el producto de arduas y prolongadas luchas, resulta completamente incomprensible que ahora, pasados tres lustros del siglo XXI aparezcan con fuerza propuestas  para un anacrónico e insólito retroceso de siete décadas. Les hablo del fenómeno de las "tradwives" (abreviatura de "traditional wives" o "esposas tradicionales") que muchos explican como una mezcla de cansancio social, ideología política, una cuidadosa estética de redes sociales y, paradójicamente, un negocio millonario.

¿Qué es exactamente una "tradwife"?

Es una mujer que promueve públicamente el regreso a los roles de género tradicionales de la década de 1950: Sometimiento al esposo quien es el proveedor único y la cabeza del hogar, mientras que ella se dedica por completo al cuidado de la casa y a la crianza; labor doméstica glamorosa haciendor todo desde cero (pan, pasta, jabones, ropa), vestidos  impecables en cocinas luminosas y  una actitud de serenidad absoluta rechazo total al feminismo que dicen le mintió a las mujeres al prometerles liberación a través del trabajo remunerado.

¿De dónde surge este movimiento?

El término y la subcultura digital nacieron a finales de la década de 2010 en foros de internet y explotaron masivamente durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19 y los años posteriores en las redes sociales. Creadoras de contenido como "Ballerina Farm" o *"Nara Smith" se convirtieron en fenómenos mundiales con millones de seguidores mostrando vidas de ensueño donde muelen su propio trigo o preparan cereal artesanal a las 5:00 a.m. perfectamente maquilladas y peinandas y vistiendo ropa de alta costura.

¿Pero por qué surge un fenómeno como este?

Analistas dicen que este movimiento es una respuesta al agotamiento extremo provocado por la cultura del ajetreo (trabajar, trabajar y trabajar diría Uribe Vélez). Para muchas mujeres jóvenes atrapadas en empleos precarios de 10 o 12 horas, la idea de "retirarse" a la vida doméstica se vende como un refugio romántico (un príncipe y un palacio) frente a las exigencias del capitalismo neoliberal.

Pero la ironía más grande del asunto es que las "tradwives" famosas no son amas de casa dependientes de sus maridos, sino exitosas empresarias digitales. Gravar, editar, iluminar y gestionar canales con millones de reproducciones es un trabajo de tiempo completo que genera enormes ingresos por publicidad, patrocinio de marcas y venta de productos propios. El estilo de vida que muestran: una casa enorme, muchos hijos, tiempo infinito para hornear y un solo sueldo que cubre todo, es inalcanzable para la inmensa mayoría de la población mundial. Requiere o bien un marido multimillonario o una cuenta de TikTok con millones de dólares en patrocinadores.

Más que un retorno real a los años 50, el fenómeno "tradwife" es una fantasía estética y comercial que vende el anhelo de un pasado simplificado y libre de estrés financiero a  un público femenino  saturado del ajetreo diario, de las 4 horas diarias de viaje en Trasmilenio, de la angustia mensual cuando llegan las facturas de servicios públicos y toca pagar el arriendo. ¡Te equivocaste! Le gritan las redes sociales con cada video a las agotadas trabajadoras, el feminismo te llevó a esta sin salida. 

Pero  el problema de fondo es que el movimiento de las "tradewives" está estrechamente vinculado a las agendas políticas conservadoras y de extrema derecha que promueven la familia nuclear tradicional como el único modelo social válido y que el ala más radical del movimiento, estrechamente conectada con el nacionalismo cristiano, el sionismo y el patriarcado bíblico,  promueve la renuncia a los derechos civiles de la mujer.

En el centro de esta corriente está la idea de eliminar el voto individual y sustituirlo por un "voto familiar o por hogar". Argumentan que la unidad básica de la sociedad no es el individuo, sino la familia. Por lo tanto, afirman que el "jefe de hogar" (el marido) es quien debe emitir un único voto que represente los intereses de todo el núcleo familiar, lo que implicaría despojar a las mujeres del derecho al sufragio individual conquistado tras décadas de lucha, regresando a conceptos donde la mujer es legalmente "absorbida" o representada por la figura masculina. Aunque comenzó como declaraciones aisladas de *influencers* ultraconservadoras que afirmaban que preferían delegar su voto en sus esposos, el concepto ha sido adoptado por figuras públicas e ideólogos políticos en distintos países: En Estados Unidos: Activistas conservadoras de la entraña del trumpismo  como Erika Kirk y defensores del "patriarcado bíblico" llevan un tiempo promoviendo la abolición de la Enmienda 19 que otorgó el voto a la mujer con el argumento de que debilita la autoridad del hogar y recientemente en México, miembros de partidos conservadores han deslizado propuestas similares en debates sobre el "voto por familia", provocando fuertes reacciones de rechazo y alertas sobre retrocesos democráticos.

De manera que el asunto  va mucho más allá de "hacer pan en casa", la estética impecable y romántica actúa como un caballo de Troya dentro de cuya panza la caverna espera el momento de saltar a destruir la ciudad de derechos. Sin voto ni autonomía financiera, la mujer queda completamente desprotegida en caso de violencia intrafamiliar o divorcio l, se rompe con el principio democrático básico de "una persona, un voto", subordinando el criterio de la mujer al del líder del hogar. Te venden la pérdida de derechos civiles no como una opresión impuesta, sino como un "acto de devoción o paz familiar". Tras el filtro rosado de Instagram y los vestidos de época, hay sectores intentando resucitar ideas autoritarias y retrógradas que despojan a la mujer de su condición de ciudadana de pleno derecho.

La Historia demuestra que cuando se empieza a erosionar la autonomía de un grupo bajo el pretexto del "bien común" o de la "tradición", las libertades caen como fichas de dominó.  Así que plantear el retorno de la "potestad marital" y las restricciones a la educación femenina no es una exageración ni una caricatura; es, de hecho, el marco legal e ideológico con el que el mundo funcionó hasta bien entrado el siglo XX y ese es el mayor peligro de esas ideologías que ahora resultaron elegidas también en Colombia.

La potestad marital (que en muchos países latinoamericanos y europeos otorgaba al esposo el control absoluto sobre los bienes, el trabajo y las decisiones de la mujer) trataba a las mujeres como menores de edad perpetuas. Cuando los sectores más extremistas del movimiento *tradwife* defienden que la mujer no debería tener cuenta bancaria propia ni manejar finanzas "para no estresarse", están pidiendo, en la práctica el restablecimiento voluntario de la incapacidad legal de la mujer y sin  independencia económica, no hay capacidad de elección real.

Las limitaciones a la educación femenina son la consecuencia lógica de ese pensamiento. Si el único propósito validado para una mujer es el ámbito doméstico y el cuidado de los hijos, la educación superior empieza a verse dentro de esa narrativa no solo como "innecesaria", sino como un "peligro" o una "distracción" que la "aleja de su naturaleza". Ya se ven destellos de esto en ciertos discursos digitales donde se promueve que las mujeres jóvenes abandonen o eviten la universidad para no "acumular deudas ni masculinizarse", priorizando en su lugar habilidades exclusivamente enfocadas al hogar.

Si se jala  de la cuerda de la "tradición pura", los siguientes nudos que aparecen son, la doble moral legal en el adulterio y el monopolio sobre la salud reproductiva.

Históricamente, el adulterio nunca se castigó por igual. El adulterio femenino se consideraba un delito contra la propiedad y el linaje del marido para garantizar la pureza de la herencia y el apellido,  mientras que el masculino era tolerado o visto como una "falta menor" salvo que existiera amancebamiento público. Retornar a una moral tradicional donde el honor familiar descansa exclusivamente en la conducta sexual de la mujer conduce, inevitablemente, a esa penalización asimétrica.

Si se restaura la premisa de que el propósito primordial de la mujer es la maternidad y que el esposo es la cabeza del hogar, la anticoncepción deja de ser un derecho individual para convertirse en una decisión condicional. No hay que ir muy lejos en la historia: hasta hace pocas décadas, en muchos países una mujer casada requería la firma o autorización del marido para someterse a procedimientos médicos reproductivos o para acceder a ciertos métodos anticonceptivos.

¿Por qué ocurre esto? ¿Qué les pasa? Para responder esta  pregunta, la psicología social y la sociología señalan varios factores que explican por qué hay gente abrazando estas ideas:

El refugio en la certidumbre simplista: Vivimos en una época de enorme incertidumbre económica, laboral y social. Para muchas personas, la libertad de elegir genera ansiedad. La promesa de un "rol predeterminado" donde alguien más toma las decisiones difíciles y promete proveer a cambio de obediencia ofrece una falsa sensación de seguridad y orden.

Nostalgia fabricada: Se vende la idea de que en los años 50 las familias eran infinitamente felices y no había divorcios ni problemas, ignorando el sufrimiento silencioso, la violencia intrafamiliar impune, el alcoholismo y la frustración masiva que caracterizaron a muchas mujeres de esa época por falta de alternativas.

Captura ideológica y manipulación: Hay grupos que han descubierto que romantizar el machismo clásico con filtros rosados, música suave y recetas de cocina es la forma más eficaz de radicalizar a audiencias jóvenes sin que sientan que están consumiendo ideología de extrema derecha.

Detrás de la apariencia inofensiva de hacer pan casero en una cocina hermosa, lo que se está debatiendo en el fondo es si los derechos humanos de las mujeres son conquistas inalienables o si son simples "concesiones temporales" que se pueden revertir.

Sin educación universal, autonomía financiera y voto individual, la libertad de elegir quedarse en casa se convierte de inmediato en una trampa sin salida y a la que día tras día se le añadirán candados legales, incluso penales.

Lo más irónico y peligroso de estas corrientes es que venden una versión idealizada y romántica del pasado que jamás existió para la mayoría. En el siglo XIX no había "paz social" gracias a estas leyes; había un sometimiento forzado por la falta de alternativas económicas y jurídicas. Cuando se cuestiona la autonomía de la mujer en el punto A (voto o independencia económica), es imposible frenar la inercia que lleva de vuelta al punto B (salud reproductiva) y al punto C (código penal y potestad sobre el cuerpo).

Por eso, lo que a simple vista parece un mero "estilo de vida" o una moda estética en redes sociales, termina tocando fibras tan profundas: porque la línea que separa la elección personal de la imposición ideológica se vuelve muy delgada cuando se empiezan a validar discursos que costó más de un siglo desmontar.

En Colombia esas ideologías se impusieron en las pasadas elecciones y los nombramientos en sectores claves como educación y cultura, además de la propia imagen de la familia presidencial, tan perfecta ella, con sus niños bien vestidos y peinados, su papá provedor e impositivo y su mamá "tradwive" deben encender las alertas de todas, todes y todos.

Comentarios

  1. Doña Ligia, execelente escrito, felicitaciones, yo prefiero una mujer educada, trabajadora, inteligente, que aporte, que participe y tenga voz y voto en el hogar. Que sea visible en público por sus ideas, logros y ponga un grano de arena en la política de un país

    ResponderBorrar
  2. De ' tradwives' a 'Handmaid's'
    Todo lo que está avanzando con el fascismo, o mejor nazismo , es aterrador. Una merma total de los derechos conquistados. La juventud es a quien más corresponde contrarrestar estos avances. Frente a lo que se nos viene en Colombia con este nuevo gobierno y sus propuestas, tengo la esperanza de que finalmente funcione la democracia y las otras ramas del poder público: judicial y legislativa, sepan cumplir con sus funciones.
    Encantada de leerla. Siempre culta, usted. La felicito

    ResponderBorrar
  3. Felicitaciones doña Ligia....
    La batalla cultural que se avecina en Colombia aunque siempre ha estado allí, pero menos reaccionaria talvez, requiere espacios como este.
    Sólo quien se informa y conoce las estéticas culturales de la derecha fascista, puede saber qué esconden en la realidad, y hacia donde conducen a la sociedad.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Comenta sin temor alguno. Yo no juzgo.

Entradas más populares de este blog

TRADICIÓN, FAMILIA Y PROPIEDAD: LA CRUZADA DE LAS SOMBRAS.

ALÓ MINISTRO. YA HABLÉ CON MI PAPÁ.